El Regreso del Antimperialismo en Tiempos Modernos
En medio de un ambiente de conversación desoladora sobre las calamidades globales y locales, una amiga expresa con cierto aire de lucha o quizás resignación: “Parece que debemos retomar el antimperialismo de nuestra juventud.”
La Relevancia del Término Imperialismo
La palabra «imperialismo», que había caído en desuso entre muchos, vuelve a cobrar vida. Este concepto, que fue fundamental en varias etapas de nuestra historia, había sido relegado al olvido, como ocurre con términos que, tras ser omnipresentes, caen en la invisibilidad. Esa recuperación del vocabulario me recuerda a las ferias de lo que en inglés se llama ephemera, donde se encuentran objetos aparentemente sin valor a los que nadie les presta atención. Sin embargo, con el tiempo, estos objetos se transforman en tesoros históricos.
En una ocasión, mientras escribía sobre los años treinta, encontré una libreta con un transatlántico en la portada. Aunque no era útil para la trama, me brindó una conexión con un pasado que no conocía: el pasaje de un barco.
El Antimperialismo de Ayer
La noción de imperialismo no se había vuelto irrelevante; simplemente habíamos perdido la capacidad de aplicarla. En décadas pasadas, leímos y debatimos obras como El imperialismo, fase superior del capitalismo de Lenin, y aunque no éramos parte de la izquierda más radical, nuestra formación incluía consignas de líderes como Mao Zedong. “Los imperialistas son tigres de papel”, solía repetir Mao, lo que enmarcaba nuestra percepción del imperialismo estadounidense como el principal antagonista.
En 1968, el Partido Comunista de España se opuso a la invasión soviética de Checoslovaquia, pero no la catalogó como imperialista. La conciencia política de muchos se formó con eventos clave, como el golpe militar de Pinochet en Chile. Sin embargo, este rechazo a la opresión se limitaba a los crímenes de Estados Unidos, ignorando las atrocidades de regímenes comunistas y dictatoriales en el mundo.
La Ceguera Selectiva en la Lucha Antimperialista
Nuestra visión de lo que significaba ser antimperialista era parcial. Mientras denunciábamos la intervención estadounidense en Latinoamérica, hacíamos oídos sordos a los abusos de líderes comunistas. La lucha contra el imperialismo se convertía en una excusa para apoyar cualquier movimiento que se autodenominara “antimperialista”, independientemente de sus acciones. Ejemplos como la revolución sandinista en Nicaragua o el ascenso de Jomeini en Irán ilustran esta contradicción.
Este fenómeno se ha repetido en la actualidad, donde personas critican a Estados Unidos pero aplauden a autócratas como Nicolás Maduro en Venezuela. El dilema se ha intensificado en un mundo donde hasta la invasión rusa de Ucrania es justificada por ciertos sectores en nombre de la oposición al imperialismo.
El Legado de Vargas Llosa y la Nueva Realidad
Mario Vargas Llosa, un intelectual crítico, subrayó cómo muchos defensores de regímenes en el Tercer Mundo no vivirían bajo las mismas condiciones que promovían para otros. Este legado de ceguera selectiva persiste en el discurso político actual, donde la lucha por la justicia social a menudo se vuelve ambigua.
Los disidentes en Europa del Este, tras la caída del comunismo, descubrieron que el capitalismo que emergió era igualmente opresivo, beneficiando a antiguos líderes del régimen. En China, el capitalismo ha mostrado una sorprendente compatibilidad con el comunismo, eliminando la necesidad de democracia, algo que ahora parece una molestia para las élites controladoras en diversas partes del mundo.
La Imperiosa Necesidad de un Nuevo Antimperialismo
Frente a un contexto global en el que emergen nuevos imperios con capacidades de control y vigilancia sin precedentes, surge la necesidad de revivir el antimperialismo. No solo se trata de un enemigo, sino de varios que amenazan tanto la libertad como la justicia en el mundo contemporáneo.
