Algarabía se estrenó anoche en el Museo Universidad de Navarra (MUN), generando gran expectación por su propuesta innovadora que combina música, danza y poesía. Este espectáculo, coproducido junto a las fundaciones Khawla Arts & Culture y ADMAF, llenó el aforo, con entradas agotadas para la función de hoy.
El montaje, con una duración de 80 minutos, busca establecer un diálogo cultural entre las tradiciones árabe y española. Sin embargo, aunque el flamenco domina el escenario, la idea de convivencia cultural no se cumple completamente. La fuerte presencia de la música de Manuel de Falla y de la danza flamenca eclipsa a otras expresiones artísticas, lo que genera tensiones en el contexto actual de conflictos en el mundo árabe.
Bajo la dirección de Ignacio García y Jihad Mikhael, y con la asesoría musical de Aya El Dika Mawla, la obra presenta un enfoque mayormente centrado en el flamenco. En la danza, solo Jesús Carmona aparece como coreógrafo, lo que limita la representación de las diversas danzas árabes. La falta de una perspectiva árabe en la coreografía deja un vacío significativo en un espectáculo que aspira a un diálogo intercultural. La ausencia de danzas árabes como el dabke, que simboliza la resistencia, hace que se sienta una carencia en esta propuesta escénica.
La actuación de los jóvenes bailarines de Egipto, Siria y Marruecos, estudiantes del Sharjah Performing Arts Academy, aporta frescura, aunque sus intervenciones quedan opacadas por la experiencia de artistas consolidados como Carmona, Lucía Campillo y Pablo Egea. Al final, la breve coreografía de los estudiantes se aleja de la tradición folclórica árabe, tendiendo más hacia la danza contemporánea.
Los actores libaneses Rafic Ali Ahmad y Cynthya Karam destacan en sus interpretaciones, transmitiendo emociones contenidas. Sin embargo, el papel de Karam, quien interpreta a Farah, una botánica que investiga la herencia andalusí, se siente limitado, relegándola a un segundo plano frente al personaje de Carmona, un joven florista que acapara la atención del público. Aunque las proyecciones de caligrafías árabes ayudan a contextualizar la acción, el desarrollo de la historia puede resultar confuso en ciertas escenas.
La joven Orquesta Sinfónica de Navarra, compuesta por 80 universitarios, y el vestuario diseñado por Yaiza Pinillos, que incorpora contribuciones de estudiantes de Pamplona, logran enriquecer la velada y superan las expectativas.
El término “algarabía”, que da nombre al espectáculo, proviene del árabe arabiyaah, y se traduce inicialmente como «propio del árabe», aunque en español se entiende como «enredo» o «ruido confuso». Este concepto refleja las fragilidades que atraviesan la obra. La actuación de Algarabía estaba programada para Abu Dhabi en abril, pero, debido a la situación internacional, se ha pospuesto hasta noviembre. Será una oportunidad para abordar el desequilibrio escénico y fortalecer las conexiones con la rica herencia de la cultura árabe.
