El racismo ha sido una constante en la vida de muchas jóvenes afromexicanas desde su infancia. Scarlet Estrada, por ejemplo, no encontró una forma de nombrar su experiencia hasta llegar a la universidad. “La sociedad me decía que yo era diferente, que no era de aquí. Fue en la universidad que decidí autonombrarme afrodescendiente como una forma de rebelarme ante el silencio que había en mi familia”, relata. Por su parte, Valeria Angola menciona el momento decisivo en su vida, cuando, a los 14 años, decidió dejar de alisarse el pelo: “Yo soy esto, ya basta de negarlo. Mi familia es negra, mi abuelo, mi mamá, mis tías”, afirma. Marbella Figueroa destaca que el racismo y la invisibilización de las personas negras en México han tenido un impacto profundo en su familia, que proviene de la Costa Chica de Guerrero, un estado que alberga la mayor población afrodescendiente del país.
El origen del podcast Afrochingonas
Aunque llegaron a la misma lucha por caminos diferentes, todas coinciden en el podcast Afrochingonas, el cual fundaron en 2020. Este proyecto surgió en plena pandemia de COVID-19. Durante ese tiempo, Angola, de 35 años, y Figueroa, de 33, tenían largas conversaciones diarias. Desde lo cotidiano hasta profundas reflexiones sobre cómo el racismo había afectado sus vidas y sus silencios compartidos. Balam, la pareja de Figueroa, escuchaba estas charlas como oyente involuntario y, una noche, soñó que aquellas conversaciones podían convertirse en un podcast. Así, Estrada, de 29 años, se unió a la iniciativa, que busca desmontar el racismo con el lema: “solas somos semillas, juntas campo florido”.
Reconocimiento afromexicano en México
El lanzamiento de Afrochingonas coincidió con un momento histórico para México: en 2020 se incluyó por primera vez a las personas afromexicanas en el censo nacional. Durante siglos, la narrativa oficial del país había minimizado la influencia de la población negra, enfocándose en el mestizaje entre las culturas indígena y europea. La lingüista Yásnaya Elena A. Gil ha mencionado que esta ha sido una política racial apoyada por el Estado, que se ha sostenido con “dinero y esfuerzo institucional”.
Según la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID 2023) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 3,1 millones de personas, es decir, el 2,4% de la población en México, se identifican como afrodescendientes. Guerrero es el estado con el mayor porcentaje, seguido por Morelos, Colima, Quintana Roo y Oaxaca. No obstante, este reconocimiento estadístico no elimina la desigualdad. Un estudio del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (Ceey) revela que la desigualdad se agrava en poblaciones indígenas y afrodescendientes.
Historias de vida en Afrochingonas
En su podcast, las jóvenes traducen esas cifras en historias y memorias familiares. “Vengo de una familia con ancestros que han sufrido mucho. Mi vida ha estado marcada por el dolor debido al racismo, la discriminación y la gordofobia. Pero, además de llorar, reír también es una forma de sanar”, comparte Figueroa. Ese dolor se convierte en motor de cambio, con el deseo de evitar que futuras generaciones atraviesen desigualdades similares.
El humor como herramienta política
El racismo puede disfrazarse de chistes o ignorarse, pero en Afrochingonas han decidido utilizar el humor como una herramienta política y un acto de resistencia. “Decido poner el foco en lo que duele, pero no hay causa de justicia social que no esté acompañada por el juego y la diversión. Para gritar ‘maldito Estado genocida’ es necesario encontrar una forma de reír”, aclara Figueroa.
El fanzine ‘Fruturos de cimarronaje’
Afrochinas no se limita al formato de podcast. En 2024, lanzaron el fanzine Fruturos de cimarronaje, una iniciativa apoyada por Copred y Unesco México que busca explorar la imaginación política y la creatividad transformadora.
“La palabra fruturo se inspira en la idea de que, al crecer, algo da fruto, y ese fruto alimenta la tierra para futuras cosechas. Nos sentimos como el fruto de quienes lucharon en el pasado para que hoy podamos hablar de estos temas”, explica Angola. Esta metáfora también se conecta con el cimarronaje, una práctica histórica de resistencia, y la posibilidad de imaginar un futuro donde la negritud no esté al margen de la sociedad. Angola anhela un mundo sin fronteras, mientras que Estrada desea un entorno donde las personas afro puedan ser completamente libres.
