Irán y su Guerra: Transformación Definitiva en el Sector Energético Global

Irán y su Guerra: Transformación Definitiva en el Sector Energético Global

El acceso al petróleo del Golfo Pérsico se ha visto drásticamente alterado desde el 28 de febrero, cuando comenzaron los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán. A pesar del alto el fuego anunciado recientemente, el estrecho de Ormuz, vital para el transporte de petróleo y gas, continúa cerrado, y Teherán ha dejado clara su capacidad para influir en la crisis energética global, incluso bajo intensas presiones militares. Este control sobre una fracción de agua de 34 kilómetros de ancho ha resultado ser un disuasivo efectivo frente a la intervención militar estadounidense e israelí.

La interrupción de las actividades en el estrecho de Ormuz ha generado inquietudes sobre el futuro del suministro energético mundial. Las consecuencias del cierre han dejado cicatrices en la estructura del mercado energético que podrían durar años, resultando en precios del petróleo y gas natural más elevados incluso con una eventual estabilización. Esta situación se suma a la crisis provocada por la guerra en Ucrania, que ya había llevado a Europa a reflexionar sobre su dependencia del gas ruso. La Guardia Revolucionaria iraní advirtió que “Ormuz nunca volverá a ser lo que era”, lo que refleja un cambio duradero en el escenario energético mundial. La reapertura del estrecho, necesaria para la paz, no garantizará un retorno inmediato a la normalidad por la necesidad de recuperar la producción y reparar infraestructuras dañadas.

El economista Eduardo García Castro, de Mapfre Economics, señala que Irán ha demostrado que un conflicto no requiere de una guerra abierta para provocar una crisis energética. Este nuevo enfoque cambia la percepción del riesgo en el sistema energético global, llevando a una normalización en el uso del suministro energético como herramienta geopolítica eficaz, con efectos macroeconómicos que ya se manifiestan en un aumento de la inflación y desafíos en el suministro energético, especialmente en Asia, donde la dependencia del petróleo del Golfo es alta. Desde el inicio del conflicto, el barril de petróleo Brent ha visto un aumento de precios, escalando de 70 a casi 120 dólares.

Precios del petróleo al alza

La guerra en Irán y el consiguiente cierre de Ormuz han trastocado las proyecciones iniciales de precios más bajos para este año, que anticipaban barriles entre 60 y 70 dólares. Sin embargo, la paralización de unos 20 millones de barriles diarios de petróleo y derivados ha alterado el panorama. Si bien algunos analistas esperan que el conflicto termine pronto, el impacto en los precios será significativo. La reanudación del tránsito por Ormuz no será inmediata, y el embotellamiento de buques y la recuperación de la producción llevará tiempo. “Es probable que el flujo de petróleo por el estrecho sea muy reducido durante al menos un mes más”, advierte Jorge Molinero de Sparta.

Bank of America prevé un déficit de cuatro millones de barriles diarios en el segundo trimestre de 2023 si la guerra termina a finales de abril. La firma suiza J. Safra Sarasin Sustainable AM estima que el precio del Brent se estabilizará entre los 80 y 90 dólares hacia finales de este año, incluso en un escenario positivo de acuerdo entre Estados Unidos e Irán. Sin embargo, advierte que incluso en este caso, la economía global estará maleada por el conflicto, y que se prevén disruptores en los mercados de materias primas durante meses. En el peor de los escenarios, con un prolongado cierre de Ormuz, el barril podría alcanzar los 150 dólares.

Una segunda crisis energética en cuatro años

En el mediano plazo, el conflicto en Irán inducirá un aumento persistente en los precios del petróleo y gas, incorporando una prima geopolítica en sus costos que es indicativa de mayores percepciones de riesgo en el suministro. Esta crisis revela la fragilidad de los mercados y cómo la geopolítica puede impactar directamente en la economía. Esto se convierte en una lección sobre la importancia de diversificar fuentes y rutas de energía para evitar depender demasiado de regiones críticas, especialmente en Europa, donde más del 70% de la energía consumida proviene de fuentes no renovables.

El impacto en el suministro de materias primas va más allá del petróleo, afectando también a productos químicos y metales vitales para la industria moderna. Aunque la dependencia de Europa respecto a estos recursos es menor que de los combustibles fósiles, la reciente interrupción subraya la vulnerabilidad de la economía europea frente a cambios en los precios energéticos. La situación exige un examen crítico de las políticas energéticas europeas y un cambio hacia un modelo más sostenible y diversificado, buscando cerrar el 30% de reservas estratégicas de gas natural antes del invierno próximo, a pesar de haber comenzado con niveles de reservas por debajo del año anterior.

Goldman Sachs concluye que la electrificación de las economías podría ser clave para enfrentar futuros desafíos energéticos. Las lecciones aprendidas de la guerra en Ucrania y el actual conflicto en Irán reafirman la necesidad de un enfoque estructural hacia la seguridad energética, donde los consumidores ya están respondiendo a los precios en alza de combustibles con un aumento en la adquisición de vehículos eléctricos. La inestabilidad geopolítica actual pone de relieve la urgencia de una transición energética efectiva que asegure una mayor independencia y seguridad en el futuro.

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