La designación de Roberto Velasco como nuevo canciller de México se enmarca en un contexto político y diplomático crucial. Es importante considerar su trayectoria no solo en términos de edad o experiencia, sino por su rol en las relaciones entre México y Estados Unidos. Aunque México ha tenido cancilleres tanto de carrera como ajenos al servicio exterior, la elección de Velasco responde a una estrategia más amplia.
Claudia Sheinbaum, presidenta de México, ha tomado esta decisión atendiendo a tres factores esenciales. Primero, Velasco ha estado profundamente involucrado en las dinámicas de la relación bilateral con Estados Unidos durante años. Segundo, cuenta con la confianza de Washington, lo que es crucial en el actual contexto del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC). Tercero, mantiene una buena relación con el secretario de Economía, Marcelo Ebrard. En un momento de revisión del TMEC donde no hay margen para la improvisación, la elección de Velasco se presenta como una medida cautelosa. Su perfil sugiere que seguirá el protocolo establecido y no generará controversias que desestabilicen el curso actual de la política exterior.
Sin embargo, el foco no debería estar únicamente en la figura de Velasco, sino también en la situación crítica que padecen los niveles más bajos del servicio exterior mexicano. La falta de apoyo y de recursos para el personal administrativo y técnico en estas posiciones ha alcanzado niveles alarmantes. Un dato relevante indica que hay funcionarios en esos escalafones que no han tenido aumentos salariales en casi tres décadas. Las condiciones laborales son precarias, lo que ha llevado a muchos a depender de programas sociales y a soportar jornadas extenuantes.
Esta desatención ha desencadenado un éxodo significativo: actualmente, en Estados Unidos, hay 69 plazas vacantes en las representaciones diplomáticas. Este número representa aproximadamente el 17% de las posiciones diplomáticas de México en ese país, un socio crucial. De los 53 consulados, únicamente 17 cuentan con personal completo.
La pregunta que surge es cómo se puede garantizar una defensa efectiva de los intereses de México en el TMEC y una protección eficiente para los migrantes, si gran parte de los puestos en sedes críticas están desiertos.
La lógica detrás de la elección de Velasco es clara: asegura continuidad y gestión técnica desde la cima. No obstante, una cancillería eficaz no se sostiene solo desde la cúpula administrativa en Avenida Juárez. Depende también del personal en cada consulado y embajada. Si el objetivo de Sheinbaum es fortalecer la relación con Estados Unidos, el primer paso debe ser no solo seleccionar a un buen líder, sino también atender las necesidades de quienes trabajan arduamente en el día a día. En última instancia, no existe una diplomacia exitosa que pueda sostenerse en un servicio exterior desatendido.
