La economía de Venezuela continúa en un estado crítico, generando expectativas de mejora que aún no se concretan. La inflación anualizada, que se mantiene como la más alta del mundo, ha alcanzado un promedio del 600%. Desde enero, el bolívar, la moneda local, ha experimentado una devaluación del 20% frente al dólar. Por ejemplo, el dólar oficial, que en enero valía 367 bolívares, se sitúa ahora en 450 bolívares, mientras que el llamado “dólar paralelo” puede alcanzar los 650 bolívares. En comparación, la moneda se ha depreciado más de 9,000% desde 2022.
A pesar de los ingresos adicionales que obtiene el gobierno nacional tras un ataque militar de Estados Unidos —gracias a la flexibilización de sanciones y nuevas licencias para la explotación de petróleo— la brecha entre el dólar oficial y el dólar negro persiste. El déficit fiscal del Gobierno central se estima en 9 puntos del Producto Interno Bruto.
Protestas ante el malestar económico
Las manifestaciones en el país, alimentadas por el descontento económico y las profundas carencias sociales, se han vuelto crónicas. Gregorio Alfonso, miembro de la Asociación de Profesores de la Universidad Central de Venezuela, subraya: “Estamos reclamando un derecho humano básico, una obligación constitucional del Gobierno: la mejora de las condiciones de vida de la población”. Sin embargo, señala que las autoridades dificultan el acceso al centro de Caracas para manifestarse.
José Abreu, un inmigrante portugués de 78 años con casi seis décadas en el país, describe la situación como inédita: “Jamás había visto algo así en todo el tiempo que tengo en Venezuela”. Al relatar su experiencia como dueño de una bodega, relata que debe fiar productos, ya que el contexto económico obliga a los ciudadanos a pagarlas a plazos. “La mayoría de la gente paga, aunque hay quienes compran un poco y se van por días sin volver”, lamenta.
Silvia González, propietaria de un quiosco de periódicos y dulces, también da testimonio de la situación: “Las ventas están lentas. Si no recibiera apoyo de mi familia desde España, no podríamos completar nuestros ingresos”.
Estancamiento salarial
En medio de este contexto de inestabilidad económica y de precios descontrolados, el panorama salarial no mejora. El salario mínimo oficial se sitúa en 160 bolívares, equivalentes a pocos centavos de dólar. A pesar de los bonos ofrecidos por el Gobierno, como el “bono de guerra económica” o el “bono de alimentación”, que promedian unos 180 dólares al mes, los trabajadores se enfrentan a realidades precarias. En el sector privado, un obrero puede ganar aproximadamente 350 dólares mensuales, mientras que un técnico especializado ronda los 500 dólares al mes.
Víctor Álvarez, economista y director de la plataforma informativa Pedagogía Económica, advierte que la dependencia del país respecto a Estados Unidos limita el desarrollo de políticas económicas autónomas. “El Estado, al poseer las riquezas del subsuelo, tiene el potencial para financiar políticas de desarrollo social, pero los ingresos petroleros son desviados para la compra de productos estadounidenses”, explica.
Expectativas de crecimiento
La población tiene esperanzas de que el Ejecutivo pueda finalmente implementar un aumento salarial, especialmente considerando que la producción de crudo podría incrementarse en un 25%. Con el actual precio del petróleo, se espera que también aumenten los precios internacionales, dada la inestabilidad en el Medio Oriente.
Desde 2014 hasta 2020, Venezuela perdió un 75% de su PIB, arrastrada por la crisis política, la mala gestión del gobierno de Maduro y las sanciones internacionales. Desde 2022, la economía ha mostrado un crecimiento moderado, aunque insuficiente, y los economistas anticipan que para 2026 podría haber un crecimiento de dos dígitos.
Las expectativas crecen entre los ciudadanos, quienes comienzan a notar algunos movimientos en el mercado. Ignacio Monteverde, empresario de la construcción, menciona que todavía no se ha materializado un cambio claro, aunque hay indicios de una posible reactivación en los próximos meses. Sin embargo, la situación actual se presenta como una parálisis mayor que la de finales de 2025.
