Investigación científica de México en la Antártida
Un grupo de científicos del Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) acaba de completar la primera expedición oficial mexicana a la Antártida, un viaje histórico que se extendió por un mes. Esta iniciativa fue posible gracias al respaldo del Centro Nacional de Ciencia Antártica de Ucrania (NASC), permitiendo a los doctores Rafael López y Daisy Valera, así como a las doctoras Elsa Arellano y Laura Almaraz, llevar a cabo investigaciones en el Polo Sur.
Preparativos y desafíos de la expedición
La preparación para este importante viaje fue intensa y rápida. “Las presentaciones de los proyectos fueron en agosto, se lanzó la convocatoria en septiembre y en octubre se nos notificó que habíamos sido elegidos para participar”, recuerda Laura Almaraz, especialista en Ciencias del Mar y Limnología. A finales de noviembre, el grupo zarpó hacia la Antártida, un destino que presenta condiciones climáticas extremas. “No es trivial. No es ir a hacer campo a Xochimilco”, añade Valera en tono de broma, aludiendo a la dificultad del entorno antártico.
Los participantes no solo necesitaban un sólido proyecto de investigación; también debían someterse a rigurosos análisis médicos para evaluar su capacidad física. “La Antártida es un lugar muy frío y siempre se necesita mucho esfuerzo, especialmente al caminar en la nieve o al escalar montañas”, explica Rafael López, quien es doctor en Ciencias de la Tierra.
El viaje al fin del mundo
El grupo salió de Chile a finales de noviembre a bordo de un buque rompehielos con rumbo a la base Vernadski, ubicada a más de 1,300 kilómetros del continente americano. “El estrecho de Drake es conocido por ser el lugar con más tormentas del mundo. Aunque el mar esté tranquilo, las olas pueden alcanzar hasta tres metros”, relata López sobre el recorrido inicial que marca la transición entre América del Sur y la Antártida.
Después de cinco días de navegación en aguas turbulentas, la expedición llegó a su destino y se dividió en dos grupos para comenzar sus investigaciones. Las doctoras Arellano y Almaraz continuaron a bordo del buque ucranio, mientras que López y Valera desembarcaron en la base Vernadski, situada en el archipiélago de Wilhelm.
Estudios de sedimentos marinos
Elsa Arellano lidera un proyecto que se centra en el análisis de sedimentos marinos, considerados “un archivo paleoclimático” crucial para reconstruir cambios ambientales. “Los estratos que se depositan a lo largo del tiempo contienen información sobre lo que ocurrió en la superficie del océano cuando los organismos que se encontraban allí murieron”, explica Arellano. La obtención de estas muestras depende del clima, ya que nevadas o vientos fuertes pueden impedir la navegación del barco.
Arellano y Almaraz utilizan un multinucleador, una herramienta especializada que extrae sedimento del fondo marino de manera similar a una jeringa. “Un milímetro de sedimento puede representar hasta 100 años de historia paleoclimática”, asegura Almaraz, quien también destaca la relevancia de estas muestras para estudiar fenómenos como el deshielo de la región y el aumento del nivel del mar.
Investigación sobre el Jurásico en la Antártida
Rafael López y Daisy Valera centran su investigación en rocas del Jurásico, un periodo que tuvo lugar hace más de 145 millones de años y donde la Antártida presentaba un clima y flora radicalmente diferentes a los actuales. Durante esa época, existían vastos bosques y animales como pingüinos gigantes. “Estudiamos esas rocas para reconstruir cómo era el clima en la Antártida durante el Jurásico”, detalla López.
Para recolectar muestras, utilizaban pequeñas embarcaciones inflables, las cuales enfrentaban el riesgo de romperse debido a los ocultos bancos de hielo en las aguas antárticas. Esta logística añade un nivel de dificultad adicional a la ya desafiante tarea de investigación.
Resultados y futuras expediciones
Aunque la expedición ha llegado a su fin, el trabajo de estos científicos apenas comienza. Se encuentran a la espera de la liberación aduanal de las muestras para iniciar investigaciones que se espera den resultados en aproximadamente un año. Este primer éxito abre las puertas a futuras contribuciones de México al Tratado Antártico, previsto para revisión en 2048, una oportunidad clave para el país.
Mientras tanto, una segunda campaña mexicana de investigación se está preparando para arribar al Polo Sur en los próximos meses, marcando un hito en la participación de México en la ciencia antártica.
