El miedo al éxito: una barrera que enfrenta Juan en su carrera

El miedo al éxito: una barrera que enfrenta Juan en su carrera

Los principales líderes de la cuarta transformación en México han mostrado una notable tendencia a comunicarse sin cesar, evitando el silencio incluso cuando este podría ser beneficioso. Para ellos, el ruido es considerado sinónimo de acción, y el discurso constante se convierte en una herramienta de poder. La estrategia de repetir consignas, nombres o lemas busca grabarlos en la mente colectiva. Ante cualquier contratiempo, los líderes desvían la conversación, responsabilizando a figuras anteriores como Felipe Calderón o Genaro García Luna. Sin embargo, este uso continuo de tácticas discursivas ha resultado en su propia desventaja, convirtiéndolos en prisioneros de sus propias palabras. Como reza el refrán: los políticos son amos de sus silencios y esclavos de sus palabras.

El reciente operativo que llevó a la muerte de Nemesio Oseguera, alias El Mencho, se ha consolidado como el hito más significativo de la administración de Claudia Sheinbaum. Este logro ha tenido un impacto internacional, ya que el abatimiento del enemigo público número uno de México a manos del Ejército representa un éxito innegable. Sin embargo, parece que la presidenta ha experimentado una sensación de vergüenza o culpa con respecto a este triunfo, temiendo comparaciones con Calderón. Sus aliados sostienen que las circunstancias y estrategias son diferentes, aunque las similitudes entre ambos sexenios resurgen en el debate debido al propio grupo de Sheinbaum.

Desde el día del operativo, el gobierno eligió optar por el silencio, lo que algunos interpretaron como una señal de culpabilidad o temor. Al evitar abordar el tema, la narrativa se ha vuelto detrimental: parece que El Mencho escapó o que el gobierno falló, cuando, en realidad, se logró lo contrario. La gestión comunicacional ha sido calamitosamente ineficaz, permitiendo que el crimen organizado controle la historia y las imágenes, en lugar de que el gobierno lo haga. A pesar de las quejas de la presidenta sobre la imagen internacional que se proyecta, no se han ofrecido alternativas visuales atractivas. Las imágenes disponibles son las que ilustran el caos generado por la reacción criminal, en lugar del triunfo del Estado. Comparaciones con ejemplos exitosos de otras administraciones, como la de Barack Obama con la captura de Osama bin Laden, evidencian la disparidad en el manejo de la comunicación actual.

Los líderes del gobierno parecen estar más enfocados en las comparaciones internas y en evitar que la presidenta sea tildada de «calderona» que en asumir con orgullo su papel y el éxito obtenido. En lugar de reconocer el liderazgo de Sheinbaum y el éxito del operativo, persiste una atmósfera de culpa y dudas sobre las decisiones tomadas. Es fundamental que la presidenta asuma con firmeza y convicción los logros alcanzados, distanciándose de los miedos y fantasmas que ella misma ha contribuido a generar.

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