El Tour de Francia es una competición ciclista emblemática cuya celebración en julio ha sido objeto de críticas por parte de organizadores de otras pruebas que consideran que monopoliza la atención deportiva en este mes, especialmente por la ausencia de la liga de fútbol. Este mes, históricamente asociado a las olas de calor, también ha sido crucial para el Tour desde su primera edición en 1903, cuando fue creado por el periódico L’Auto como una estrategia para aumentar la venta de ejemplares durante el periodo de menor demanda.
Sin embargo, más de 120 años después, el contexto climático ha cambiado drásticamente. El calentamiento global plantea serias amenazas para la carrera, ya que las temperaturas extremas ponen en riesgo tanto el rendimiento de los ciclistas como su salud. En un Tour caracterizado por las tardes calurosas y el espectáculo del esfuerzo físico en condiciones adversas, la aparición de olas de calor más intensas podría alterar dramáticamente la dinámica de la competición.
Impacto del Calor en el Rendimiento Deportivo
Pedro L. Valenzuela, investigador de la Unidad de Fisiología de la Universidad de Alcalá, explica que el aumento del calor provoca una reducción en el rendimiento de los ciclistas, debida a la disminución del volumen plasmático y al aumento del esfuerzo percibido. Según su investigación, que analiza el rendimiento de más de 70 ciclistas profesionales, las temperaturas ideales para alcanzar máximos niveles de rendimiento oscilan entre 10 y 25 grados Celsius. De hecho, temperaturas inferiores a 5 grados y superiores a 35 grados pueden reducir el rendimiento en un 18% y un 9%, respectivamente.
Protocolos de Seguridad de la UCI
Ante esta situación, la Unión Ciclista Internacional (UCI) ha establecido protocolos para enfrentar las temperaturas extremas. Los valores de **temperatura global de bulbo húmedo** (WBGT), que considera la temperatura, la humedad, la radiación solar y el viento, son fundamentales para determinar el riesgo. A partir de 23 grados Celsius, se requiere implementación de medidas preventivas, como el uso de chalecos refrigerantes y una constante hidratación.
El aumento de las temperaturas a 28 grados Celsius activa la ‘zona roja’, lo que hace necesario simplificar etapas y modificar horarios para evitar las horas pico de calor. La investigación indica que en los últimos años, ciudades como **París**, **Nimes**, **Burdeos**, **Toulouse** y **Pau** han superado estos umbrales de calor en julio, según un estudio publicado en Scientific Reports por el **Institut National de Recherche pour l’Agronomie** (IRD) y otras instituciones europeas.
Olas de Calor y Desafíos Futuros
A pesar de la creciente frecuencia de episodios de calor extremo, el protocolo de la zona roja no ha sido activado hasta ahora, ya que los picos de temperatura en julio no coincidieron con las fechas del Tour. Sin embargo, los investigadores advierten que, con el aumento de las temperaturas, es solo cuestión de tiempo antes de que el Tour enfrente situaciones de estrés térmico significativo.
Un aspecto notable es que mientras el Tour se enfrenta a desafíos por el calentamiento global, los equipos continúan aceptando patrocinio de empresas vinculadas a combustibles fósiles, lo que plantea cuestiones sobre la sostenibilidad del evento a largo plazo. Con el Tour de Francia celebrado en un mes tradicionalmente caluroso, el futuro de este evento emblemático podría depender de los enfoques que se adopten para combatir el impacto del calor extremo en el ciclismo profesional.
