Incógnitas de las elecciones presidenciales en Colombia: un posible repechaje y sus implicaciones
En el contexto actual de las elecciones presidenciales en Colombia, es casi seguro que habrá una segunda vuelta, programada para el 21 de junio, para elegir quién ocupará la Casa de Nariño. El nuevo presidente, más que un gobernante, podría convertirse en un mediador de intereses entre diversos poderes, tanto legales como ilegales, que operan detrás de escena. Estos poderes han establecido límites sobre lo que es posible en términos de gobernabilidad, aunque los ciudadanos aún no han sido plenamente informados sobre estos acuerdos.
Compromisos ocultos en campañas electorales
A lo largo de la historia electoral colombiana, desde 1990, cada campaña presidencial ha estado marcada por compromisos previos relacionados con la financiación, a menudo a cambio de contratos públicos y concesiones. Esto ha resultado en un ciclo en el que los presidentes finalizan sus mandatos enfrentando un alto grado de desprestigio. En este sentido, una forma de supervisar la legalidad de las campañas sería la implementación de un sistema similar al VAR del fútbol, que pudiera descalificar jugadas ilegales antes de que influyan en el resultado electoral.
Un claro ejemplo de esto se observó recientemente cuando la Registraduría Nacional anuló el 62% de las firmas presentadas por el precandidato Abelardo de la Espriella, lo que plantea interrogantes sobre su capacidad para liderar si engaña a la ciudadanía desde el inicio de su campaña.
Falta de transparencia en el proceso electoral
Desafortunadamente, a diferencia del fútbol, no existe un sistema de revisión transparente para las campañas electorales. Los votantes suelen enterarse después de la elección que el ganador ha llegado a la Casa de Nariño gracias a maniobras cuestionables. La violación de límites de financiación y la asociación con poderes oscuros, desde el narcotráfico hasta grupos financieros cuestionables, son prácticas comunes que socavan la legitimidad del proceso.
Cada cuatro años, los mismos partidos y candidatos aparecen en la contienda, ganando nuevamente sus espacios legislativos a través de redes de clientelismo y promesas. Esto es facilitado por un electorado que a menudo carece de información suficiente o no utiliza su capacidad de juicio crítico al momento de votar.
Una mirada a las consultas y contendientes
En la actualidad, hay 16 aspirantes a la presidencia que participarán en tres consultas el 8 de marzo. En la liga mayor se encuentran Daniel Cepeda, Abelardo de la Espriella y Sergio Fajardo, cuya contienda final se llevará a cabo el 31 de mayo, con la segunda vuelta programada para el 21 de junio.
Contrastes entre el fútbol y la política
A medida que el Mundial de Fútbol se aproxima, la Selección Colombia representa un modelo de mérito y colaboración en contraste con los vicios de la política local. En el deporte, los jugadores acceden a la selección por talento y esfuerzo, mientras que en el ámbito político, la corrupción y las alianzas oscuras predominan. La próxima cita de la selección el 17 de junio contra Uzbekistán se presenta como una oportunidad para despertar el orgullo nacional, mientras que los comicios del 21 de junio ofrecen un panorama incierto.
La necesidad de reglas claras
En el fútbol, las reglas son claras y se aplican rigurosamente. No obstante, en política, las normas son a menudo ambiguas, lo que permite que candidatos deshonestos prosperen en un entorno de falta de transparencia. Aunque tanto en el deporte como en la política, los resultados son inciertos, la visibilidad del juego en el fútbol contrasta con la opacidad de las campañas electorales.
La sombra de la violencia política
El contraste entre el ámbito deportivo y el político se hace más evidente cuando se aborda la cuestión de la violencia. En el fútbol, no se tolera el comportamiento agresivo, y los infractores son expulsados del juego. En la política, sin embargo, las rivalidades pueden llevar a consecuencias mucho más graves, como se ha visto en la historia reciente del país con amenazas y ataques a figuras públicas.
A medida que se acercan las elecciones, es crucial que la ciudadanía esté alerta y comprometida con el proceso democrático, recordando que tanto el fútbol como la política deben ser juegos de convivencia y no de confrontación mortal.
