Casos de represión en Venezuela: Kennedy Tejeda y J.D.
El viernes 2 de agosto de 2024, Kennedy Tejeda salió de su hogar en Montalbán, estado Carabobo, ubicado a unos 200 kilómetros de Caracas. Su objetivo era averiguar el paradero de dos jóvenes de su comunidad, detenidos por manifestar en contra del fraude electoral perpetrado por Nicolás Maduro en las elecciones del 28 de julio. Cuando Tejeda llegó al comando de la Guardia Rural, fue recibido por el guardia de turno y preguntó sobre el proceso judicial que enfrentaban los jóvenes. Pronto, fue llevado ante el capitán, quien le exigió su celular.
“Me negué a entregarlo”, cuenta Tejeda. “El capitán me amenazó, diciendo: ‘Dame tu teléfono o te quiebro aquí mismo’. Al final, me lo quitó por la fuerza. Al revisar mis mensajes, me acusó de ser ‘escuálido’, y sentenció que estaba ‘muerto’. Así comenzó mi detención de 17 meses”.
El caso de J.D.
Otro relato impactante es el de J.D. (iniciales ficticias para proteger su identidad), quien fue interceptado en Caracas por hombres encapuchados y armados. Sin ninguna identificación oficial, lo llevaron a una casa de detención clandestina. Allí, estuvo al borde de la muerte debido a la falta de atención médica. Posteriormente, fue trasladado al Helicoide, bajo la custodia del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). “Fui tratado como un terrorista peligroso”, refiere con ironía, “pero el verdadero horror fue la privación de contacto humano y el tiempo en la oscuridad de una celda”.
Cuatro semanas después de su excarcelación, sigue siendo incapaz de dormir bien y depende de ansiolíticos. “He estado en un campo de concentración con aire acondicionado, pero eso no elimina el trauma psicológico”, lamenta J.D.
El debate sobre la amnistía en Venezuela
En el actual contexto venezolano, el tema de la amnistía ha cobrado gran relevancia. A pesar de la discusión, muchos, como Tejeda y J.D., han sido olvidados en un sistema donde la represión es norma. Reconocen que se necesita una amnistía, pero advierten que no será suficiente si solo se trata de un borrón y cuenta nueva que proteja a quienes han perpetrado violaciones de derechos humanos.
El proceso de amnistía es liderado por la Comisión Especial para la Consulta de la Ley de Amnistía y la Comisión para la paz y la convivencia democrática de la Asamblea Nacional. Sin embargo, los esfuerzos parecen dirigidos a cerrar casos de manera rápida, protegiendo a los autores de crímenes de Estado.
El desafío de desmantelar el aparato represivo
Las recientes excarcelaciones reflejan una paradoja: aunque más de cuatrocientos presos políticos han sido liberados, muchos continúan bajo medidas restrictivas. “La excarcelación no implica libertad plena”, dice Gonzalo Himiob, director del Foro Penal. “Continuamos enfrentando un sistema que criminaliza la disidencia”.
Himiob participó recientemente en una reunión sobre amnistía en la Asamblea Nacional, donde notó un cambio de actitud en algunos representantes del gobierno. Sin embargo, advirtió que la mayoría de los actores del aparato represivo siguen intactos, lo que hace que la promesa de reconciliación sea débil.
El llamado a la justicia y la reconstrucción social
El debate en torno a la amnistía no debe convertirse en un perdón general que absuelva a los responsables de violaciones sistemáticas de derechos humanos. La experiencia internacional sugiere que el olvido legal no es una solución sostenible. La amnistía debe ser parte de un “paquete de reconciliación” que garantice justicia para las víctimas y la rendición de cuentas para los perpetradores.
Kennedy Tejeda y J.D. coinciden en que la justicia no debe ser solo una consigna. “Lo que vivimos fue un horror. Debemos alzar la voz y evitar que vuelva a ocurrir”, afirma Tejeda. Mientras tanto, J.D. resalta la necesidad de restaurar la sociedad venezolana: “Debemos trabajar juntos para crear un nuevo espíritu colectivo”.
