Violencia en Sinaloa: La desconexión entre la realidad y el discurso oficial
El gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, asegura que los ciudadanos pueden confiar en la seguridad del Estado, especialmente con la proximidad del carnaval de Mazatlán. Sin embargo, esta afirmación contrasta con la creciente ola de violencia que ha asolado a la región. La ciudad está blindada, pero la percepción de seguridad sigue siendo una ilusión frente a una realidad desbordante.
Un año de violencia cotidiana en Sinaloa
Sinaloa ha estado sumido en un ambiente de violencia sistemática y diaria durante más de un año. Esta situación supera las estrategias de seguridad tanto federales como locales. A pesar de ello, el gobernador sigue mostrando una postura de negación, mientras que la federación mantiene su enfoque inalterable. Con el paso del tiempo, la opinión pública nacional parece normalizar la barbarie que se vive en el Estado.
Incidentes recientes que marcan la crisis
El recuento de las últimas dos semanas destaca la gravedad de la situación: dos políticos locales de oposición han sido atacados, y se han reportado casos de secuestro de cuatro turistas provenientes del Estado de México, así como de diez mineros, cinco de los cuales fueron hallados sin vida. Además, otros cinco turistas que salían del puerto de Mazatlán fueron asesinados tras ser capturados.
Actuaciones del gobierno y su insuficiencia
El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, ha informado sobre detenciones y decomisos de armas y equipo táctico. Aunque estas acciones son positivas, no son suficientes para devolver la tranquilidad que alguna vez tuvieron los ciudadanos, una calma que, cabe destacar, nunca fue del todo óptima.
Un enfoque limitado a la violencia de los cárteles
El verdadero desafío radica en que cualquier esfuerzo por combatir a los cárteles debe ir acompañado del desmantelamiento de las estructuras políticas que facilitan su operación. La presidenta Claudia Sheinbaum parece reticente a abordar este problema de fondo. Con las elecciones intermedias de 2027 en el horizonte, la administración de la violencia se convierte en un cálculo político que a menudo prioriza resultados superficiales sobre cambios estructurales profundos.
El carnaval de Mazatlán sigue adelante, pero tras su celebración, Sinaloa enfrenta retos de seguridad que requieren atención urgente.
