Por qué la colección Gelman no permaneció en México: herederos en conflicto y misteriosa voluntad

Por qué la colección Gelman no permaneció en México: herederos en conflicto y misteriosa voluntad

Natasha Gelman, reconocida coleccionista de arte, una vez tuvo cinco pinturas de Frida Kahlo en su dormitorio. La más especial era un pequeño retrato de ella misma, que mostraba una expresión pensativa. Este retrato contrastaba con otro que su esposo, Jacques Gelman, encargó a Diego Rivera, donde Natasha aparecía como una estrella de Hollywood en un lujoso lounge. Durante la segunda mitad del siglo XX, la pareja Gelman se destacó como influyentes figuras en el ámbito del coleccionismo de arte internacional, gracias a su fortuna obtenida durante la época dorada del cine mexicano, así como a su amistad y lucrativa asociación con el famoso comediante Cantinflas.

Legado y Controversia de la Colección

Tras la muerte de Jacques, su valiosa colección europea, que incluía 81 obras de Bacon, Dalí, Picasso y Matisse, fue entregada al Museo Metropolitano de Nueva York. En cambio, su colección mexicana ha trasladado recientemente a España, en préstamo a Banco Santander, después de décadas de giras por todo el mundo y enfrentando disputas legales entre herederos. Aparentemente, Natasha deseaba que la colección permaneciera en México, según un testamento cuya veracidad ha sido cuestionada. Esta decisión ha generado una importante controversia en México, que cuenta con estrictas leyes de protección del patrimonio. En respuesta, el gobierno anunció una exhibición temporal de parte de la colección en la Ciudad de México durante la próxima primavera, marcando el primer paso de una gira internacional. Sin embargo, lo que parece ser un simple traslado es parte de una historia llena de misterios e intrigas.

Las Raíces de los Gelman

La historia de los Gelman se inicia con su llegada a México, huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Jacques, de una familia de terratenientes en San Petersburgo y con estudios en París, y Natasha, originaria de Moravia, se conocieron en el país latinoamericano y se enamoraron. Se casaron en 1941 y, desde entonces, se convirtieron en figuras prominentes del alto sociedad. Jacques fundó una productora que prosperó al distribuir películas en el mercado estadounidense, siendo Cantinflas un gran atractivo para el público. Así comenzó su aventura en el coleccionismo de arte.

La Evolución de la Colección

La colección europea fue, sin duda, la estrella principal. La colección mexicana de Natasha creció gradualmente, inicialmente vista como un capricho, hasta que se convirtió en una parte integral de su legado. Según el historiador del arte Luis-Martín Lozano, Natasha atesoraba las obras de Kahlo y Rivera, a pesar de que Jacques no consideraba su valor comparable al de Picasso o Matisse. Las obras empezaron a servirle como símbolo de estatus, lo que llevó a retratos encargados a artistas como Rivera.

Un Giro Dramático

La muerte de Jacques en 1986 trajo consigo un cambio significativo. Robert R. Littman, un curador estadounidense, fue designado como el ejecutor de la colección. Natasha, al no tener descendencia, dedicó sus últimos años a cuidar de las obras como si fueran hijos. Tras su fallecimiento, Littman afirmó que el testamento de Natasha indicaba que la colección debía permanecer en México. Sin embargo, la realidad fue más compleja, ya que varios herederos, incluidos primos y un hijo de Cantinflas, intentaron reclamar su parte, llevando a múltiples litigios.

El Impacto de la Decisión Reciente

El anuncio reciente de que la colección Gelman será trasladada a España ha reverberado en el mercado artístico mexicano. Aproximadamente 160 obras de la colección han sido gestionadas por Banco Santander mientras que otros 300 siguen en debate. En 2024, Sotheby’s planeaba subastar piezas de la colección, incluidas obras protegidas por la ley de patrimonio cultural mexicano, pero el gobierno intervino para detener la venta.

Confusión en el Mercado del Arte

La noticia del traslado ha generado confusión entre los coleccionistas, quienes cuestionan la aplicación de la ley de arte en México. Algunos expertos apuntan que el Estado no ha mostrado un compromiso firme para la preservación de estas colecciones. La situación se complica más por el hecho de que el nuevo propietario, la familia Zambrano de Monterrey, ha transferido las obras a Santander, lo que ha llevado a cuestionamientos sobre la efectividad y transparencia de las decisiones tomadas.

A medida que esta compleja trama se desarrolla, el futuro de la colección Gelman sigue siendo incierto, y el interés por el arte mexicano no parece disminuir.

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