La enfermedad de Parkinson: síntomas, diagnóstico y tratamiento
El párkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más común, solo superada por el alzhéimer, con alrededor de 160,000 personas diagnosticadas en España, según la Sociedad Española de Neurología (SEN). Esta afecta a un 2% de las personas mayores de 65 años y a un 4% de quienes superan los 80, evidenciando que no solo es una enfermedad de la tercera edad, ya que el 15% de los diagnósticos se producen en personas menores de 50 años.
Variedad de síntomas
Generalmente, el párkinson se asocia a problemas motores como el temblor y la rigidez. No obstante, esta enfermedad tiene muchas más facetas, afectando también el sueño, el habla, el estado emocional e incluso el sentido del olfato. Pilar Sánchez, jefa de la unidad de Trastornos del Movimiento del Hospital Puerta de Hierro en Madrid, afirma que «existen tantas variantes del párkinson como pacientes». Esto se debe a que la enfermedad puede variar significativamente entre individuos, dependiendo de factores genéticos y la edad de diagnóstico.
Desafíos en el diagnóstico
El diagnóstico temprano del párkinson es crucial para el manejo de la enfermedad. Sin embargo, se estima que en España hay un retraso de entre uno y tres años en la detección, y un tercio de los nuevos casos permanecen sin diagnosticar. Laura Carrasco, presidenta de la Asociación Párkinson Madrid, señala que la espera puede acarrear sufrimiento y frustración para los pacientes, quienes no reciben los tratamientos necesarios.
El diagnóstico es clínico y se basa en la identificación de síntomas motores. A menudo, los pacientes presentan síntomas no motores, como trastornos del sueño o problemas de olfato, mucho antes de tener temblores o rigidez, lo que complica aún más la detección temprana.
Identificando los síntomas del párkinson
Síntomas Motores
- Temblor: Presenta en reposo, afecta extremidades y la cara.
- Rigidez muscular: Dificulta la movilidad de músculos y articulaciones.
- Inestabilidad postural: Aumenta el riesgo de caídas.
- Bradicinesia: Lentitud en el inicio del movimiento.
Síntomas No Motores
- Trastornos del sueño: Incluyen insomnio y síndrome de piernas inquietas.
- Ansiedad: Oscila entre apatía y depresión.
- Pérdida del olfato: Afecta el reconocimiento de ciertos alimentos.
- Problemas de visión: Sequedad ocular y visión borrosa.
La importancia de la información y el empoderamiento del paciente
Una vez diagnosticado, los pacientes pueden experimentar lo que se conoce como «la luna de miel», periodo en el que pueden retomar su vida normal. Sin embargo, al cabo de varios años, entre el 50% y el 70% de los pacientes enfrentan fluctuaciones en sus síntomas. Reconocer estos cambios es fundamental para el manejo adecuado de la enfermedad.
Laura Carrasco resalta que «es crucial que las personas estén informadas y empoderadas para comprender mejor su enfermedad». Esta educación no solo les permite asumir un rol activo en el tratamiento, sino que también combate mitos que rodean al párkinson. Por ejemplo, el 15% de los diagnósticos ocurre en personas menores de 50 años y no todos los pacientes presentan temblores como primer síntoma.
Papel de la familia y asociaciones en el tratamiento
El impacto del párkinson no se limita a quienes lo padecen; también afecta significativamente a sus familias. Estudios indican que un 88% del entorno cercano experimenta trastornos del sueño debido al estrés asociado con el cuidado del paciente. La colaboración entre el paciente, su familia y el equipo médico es esencial para abordar adecuadamente la enfermedad.
Además de la medicación, la actividad física juega un papel importante en el manejo del párkinson. Algunas investigaciones sugieren que el ejercicio regular puede contribuir a una evolución más benigna de la enfermedad, al mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Las asociaciones de pacientes ofrecen servicios vitales como fisioterapia y apoyo emocional, elementos que son clave para el tratamiento integral de la enfermedad. La comunicación efectiva entre el paciente y su neurólogo es vital para optimizar el manejo del párkinson, asegurando que los pacientes estén informados sobre sus opciones terapéuticas y participen activamente en sus decisiones de tratamiento.
Este enfoque colaborativo es fundamental para mejorar la calidad de vida de quienes conviven con el párkinson y sus familias.
