En Colombia, las expectativas sobre la reunión entre Donald Trump y Gustavo Petro, programada para este martes, generaron más temores que esperanzas. La cita representaba una prueba delicada, ya que ambos líderes tienen un historial de declaraciones controvertidas que podrían desencadenar un enfrentamiento. Sin embargo, y para sorpresa de muchos, la reunión se desarrolló con éxito. Trump calificó el encuentro como “fantástico”, mientras que Petro elogió la franqueza del presidente estadounidense.
Este encuentro era crucial para Colombia, que busca recuperar una alianza sólida en temas sensibles como el narcotráfico, la energía y la mediación en la región. A pesar de ser un socio impredecible, es un aliado esencial. Durante décadas, Colombia se ha beneficiado de la cooperación militar de Estados Unidos, lo que ha sido clave en el proceso de paz con la guerrilla de las FARC. Aunque la relación ha persistido, su intensidad ha disminuido. Sin embargo, la creciente violencia en el país hace que el apoyo tecnológico y de inteligencia estadounidense sea fundamental.
El aspecto económico de la relación también es significativo. Las remesas enviadas por más de tres millones de colombianos en Estados Unidos alcanzan más de 13.000 millones de dólares anuales, y el 30% de las exportaciones colombianas se dirigen a ese país. Además, Estados Unidos depende de una Colombia firme en la lucha contra el narcotráfico, especialmente con la situación política incierta en Venezuela, que podría abrir sus puertas a inversiones estadounidenses en sus vastos recursos petroleros.
A seis meses de finalizar su mandato, la posición de Gustavo Petro saldrá fortalecida de Washington, superando las expectativas de sus críticos. La reunión, que algunos temían podría resultar en una humillación, se transformó en un activo político a solo cuatro meses de las elecciones presidenciales en Colombia. Su desempeño pragmático, evitando discursos ideológicos, permitió desactivar miedos al desbordamiento de la tensión entre Colombia y Estados Unidos, y mitigó las preocupaciones sobre posibles represalias de Washington.
Según una encuesta de Invamer, el 81% de los colombianos considera importante mantener buenas relaciones con Estados Unidos, lo que genera presión sobre Petro para mantener un discurso favorable. Durante mucho tiempo, la opinión pública ha estado alarmada por la posibilidad de un enfrentamiento con Washington, y el mismo presidente llegó a contemplar la posibilidad de un ataque militar tras observar el comportamiento de Trump en la crisis venezolana.
El encuentro en el Despacho Oval fue el resultado de meses de negociaciones estratégicas. La delegación colombiana preparó minuciosamente cada detalle, desde la vestimenta hasta el contenido de la reunión, con el objetivo de evitar sorpresas desagradables. Se hicieron concesiones en temas de seguridad, como la reanudación de bombardeos, y Petro se comprometió a centrarse en cuestiones concretas y evitar provocaciones.
En esta reunión, Gustavo Petro no se presentó como el líder grandilocuente que algunos temían, sino como un presidente pragmático que buscó apoyo en áreas como la mediación con Venezuela y la mejora de relaciones regionales, incluyendo el conflicto con Ecuador. Además, abordó su inclusión en la lista Clinton de manera implícita, confiando en que se resolvería. Al finalizar, un miembro de su comitiva expresó su satisfacción: “Estoy feliz”. La reunión, que podía haber desbordado tensiones, generó un ambiente de alivio generalizado.
El impacto en el ámbito interno de Colombia es inmediato, ya que el país ya se encuentra en un ciclo electoral. La oposición pierde uno de sus argumentos de ataque en medio de la campaña, y Petro, al menos por ahora, ha logrado calmar las aguas. La nueva estrategia política del presidente deberá enfocarse en controlar cualquier futura conflictividad dentro del panorama electoral.
