El sueño irrelevante de un centro político en Colombia

El sueño irrelevante de un centro político en Colombia

La búsqueda de un poder político centrado en el consenso y los acuerdos parece disolverse en medio de una realidad convulsa en Colombia. Las encuestas y los resultados de las elecciones recientes muestran que el país se enfrenta a una tendencia global caracterizada por la rabia, el extremismo político y la radicalización ideológica.

El contexto actual hace más necesaria que nunca la construcción de una alternativa de centro. La saturación de precandidatos con discursos repetitivos ha llevado a un ambiente enrarecido, donde la división y la confrontación son predominantes. Esta coyuntura se ha visto agravada por la trágica pérdida de un precandidato y la agresiva retórica del Gobierno hacia críticos y medios de comunicación. En este panorama, muchos esperaban que el electorado reclamara una opción que promoviera la reconciliación y reduzca la polarización.

Sin embargo, los hechos indican lo contrario. Desde el inicio de la etapa electoral, se ha evidenciado una inclinación hacia opciones más radicales, dejando de lado virtudes como la conciliación y el diálogo. Las dinámicas en redes sociales han exacerbado un discurso alimentado por la indignación, olvidando el principio democrático de la conversación constructiva.

El aumento de discursos polarizados entre los votantes ha relegado a las propuestas moderadas a la irrelevancia, en un entorno donde el extremismo es aplaudido. Esta tendencia global amenaza el futuro de las democracias, poniendo en peligro valores fundamentales como el respeto por la paz y la institucionalidad.

Durante la campaña electoral, algunos candidatos tratan de presentar sus posiciones extremas como si fueran parte de una contienda común. Sin embargo, es crucial que los electores reconozcan que tratar de justificar las acciones del actual Gobierno, como la intención de modificar la Constitución a su antojo y la retórica confrontativa, no representa una postura conciliadora. Igualmente, un sector radicalizado que abraza una derecha poco conciliadora no puede considerarse moderado.

En medio del estruendo de los discursos y la actividad en redes sociales, la posibilidad de una victoria de un candidato centrista parece desvanecerse. La creciente polarización da lugar a una democracia debilitada, donde la capacidad de diálogo y la búsqueda de acuerdos, inherentes a una democracia funcional, corren el riesgo de desaparecer.

Por el momento, la idea de una opción política de centro se encuentra relegada en la contienda por la Presidencia y el Congreso. Sin embargo, persiste la esperanza de que los colombianos valoren la moderación y la concertación, en lugar de seguir la moda de la retórica divisiva. La ciudadanía aún tiene la oportunidad de optar por alternativas que promuevan el entendimiento y la unidad, evitando así un escenario donde las opciones extremas se posicionen como únicas. Este retrato de la situación actual es definitorio y necesita ser reconocido.

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