La reciente estrategia electoral de la derecha colombiana, centrada en acercarse a la Administración del expresidente Donald Trump, ha perdido relevancia tras la inminente reunión entre Trump y el presidente Gustavo Petro, programada para el 3 de febrero en la Casa Blanca. Este encuentro, que pone fin a meses de tensiones entre ambos líderes, podría marcar un punto de inflexión en las relaciones entre Bogotá y Washington, justo a pocos meses de las elecciones en Colombia. Este inesperado acercamiento pone en una posición delicada al partido de Álvaro Uribe, conocido por su afinidad con el trumpismo.
El giro en las relaciones
La llamada amistosa entre Petro y Trump ha dejado huella en la política colombiana. Durante la conversación, Petro explicó que se trató de exponer su perspectiva, después de que Trump recibiera información desde el sector opositor en Florida, un estado conocido por su ala republicana radical. «Esa oposición miente sobre nuestra lucha contra el narcotráfico», comentó Petro, criticando abiertamente la narrativa del uribismo. En respuesta, Uribe calificó a Petro de «mansurrón» en su enfoque hacia la Administración de Trump.
Historia de la relación Colombia-EE.UU.
Desde el año 2000, Bogotá y Washington han trabajado juntos en temas de lucha antinarcóticos y contrainsurgencia, comenzando con el Plan Colombia bajo el mandato del entonces presidente demócrata Bill Clinton. Este consenso bipartidista en EE.UU. ha sido un pilar fundamental de la diplomacia colombiana. Sin embargo, el uribismo ha buscado alinearse más estrechamente con el Partido Republicano, especialmente tras la llegada de Trump, lo que ha socavado ese consenso.
Durante su presidencia, Uribe (2002-2010) estableció una fuerte alianza con George W. Bush en la «guerra contra el terrorismo», siendo Colombia uno de los pocos países que respaldó la invasión a Irak. También recibió en 2008 a John McCain, el candidato republicano que finalmente fue derrotado por Barack Obama. Estos movimientos llevaron a un enfriamiento de las relaciones cuando los demócratas expresaron sus preocupaciones sobre derechos humanos, lo que culminó en el retraso del tratado de libre comercio entre ambos países.
La era Trump coincidió con el gobierno de Iván Duque (2018-2022), un aliado del uribismo que se posicionó fuertemente en contra del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. Durante ese tiempo, figuras como Marco Rubio, un destacado senador republicano, se convirtieron en importantes aliados estratégicos. El uribismo incluso apoyó las campañas republicanas en Florida, participando activamente en narrativas anti-socialistas.
Desafíos para la oposición
A medida que Petro busca normalizar relaciones con Estados Unidos, su gobierno se enfrenta a la pérdida de argumentos por parte de la oposición. La analista Sandra Borda señala que, a pesar de esta distensión, no se espera un respaldo explícito de EE.UU. hacia un candidato de izquierda, dada la relevancia que mantiene la figura de Iván Cepeda representando desafíos para Washington.
De cara a las elecciones presidenciales de mayo en Colombia, el uribismo presenta al menos tres candidatos: Paloma Valencia, quien competirá en una Gran Consulta, y Juan Carlos Pinzón, un exministro bien conectado con la política estadounidense. Este último resuena con un discurso firme y ha lanzado guiños hacia Trump, adaptando el lema «Make America Great Again» a «Make Colombia antiguerrilla again».
También se encuentra Abelardo de la Espriella, quien busca captar la atención de la ultraderecha global y recibió el respaldo visible de Uribe. Su estilo de campaña recuerda a los eventos de Trump, con grandes concentraciones de apoyo en Bogotá. Todos los candidatos prometen restaurar relaciones con EE.UU. mientras el aparente éxito de Petro en la Casa Blanca complica el mensaje del uribismo.
