Resurgimiento del Conflicto en Catatumbo: EE. UU. Interviene en Venezuela

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Crisis humanitaria en Catatumbo: el éxodo hacia Cúcuta se intensifica

La región de Catatumbo, en la frontera colombo-venezolana, vive una crisis humanitaria sin precedentes, que se refleja en el aumento del desplazamiento hacia Cúcuta, la capital de Norte de Santander. Desde el inicio de 2026, más de 85.000 personas han abandonado sus hogares debido a los enfrentamientos entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y una facción disidente de las extintas FARC. Esta violencia ha alcanzado también las comunidades durante las festividades de diciembre, dejando un rastro de terror y desesperación.

Situación de violencia y desplazamiento

La defensora del Pueblo de Colombia, Iris Marín, subrayó que el conflicto sigue vigente en la zona. El Frente 33 de las disidencias de Calarcá y el ELN se disputan el territorio, afectando gravemente a la población civil. Junto a la Misión de Verificación de la ONU y la Iglesia Católica, Marín visitó áreas críticas como Versalles y Pacelli en Tibú, donde la violencia ha aislado a comunidades enteras.

El panorama en Catatumbo es desgarrador. Pueblos enteros están llenos de casquillos de bala, casas impactadas por disparos y artefactos explosivos. “La situación es insostenible”, añadió Marín, enfatizando el confinamiento y la falta de suministros básicos como alimentos y gas. Monseñor Israel Bravo, obispo de Tibú, también hizo un llamado a los grupos armados para que cesen la guerra.

Aumento de desplazamientos en Cúcuta

La llegada masiva de desplazados a Cúcuta ha generado alarmas. Desde mediados de diciembre, se reportan más de mil desplazamientos y se estima que 6.000 personas más están en riesgo de confinamiento. Las familias aterrorizadas acuden a la Defensoría del Pueblo en busca de ayuda y para registrarse como víctimas del conflicto.

Relatos de sobrevivientes como Rolando, un joven tendero de Pacelli, revelan el horror cotidiano: “Uno se acostumbra a ver los muertos. Allá no dejan entrar mercado”, cuenta. Después de una breve esperanza de calma, Rolando tuvo que huir nuevamente al ocurrir una nueva arremetida en diciembre.

Historias similares son compartidas por otros desplazados. María Alejandra, una maestra de 39 años, narró cómo las explosiones estremecían su hogar y dejó su finca llena de casquillos. Tras regresar de un desplazamiento anterior, se vio forzada a escapar de nuevo hacia Cúcuta, donde busca refugio con familiares. “Estuvo un tiempo en calma, pero ahora se volvió a alborotar”, expresa visiblemente afligida.

Reacciones del gobierno y futuro incierto

El presidente Gustavo Petro ha calificado esta crisis humanitaria como un “fracaso de la nación”. Su incapacidad para frenar la arremetida del ELN lo llevó a suspender diálogos de paz y a declarar estado de excepción en Cúcuta. Sin embargo, mantiene abiertos diálogos con la facción disidente dirigida por alias Calarcá. La creación de una Zona de Ubicación Temporal en Tibú busca facilitar la desmovilización de combatientes, aunque muchos ven esto como una utopía.

El narcotráfico y el conflicto armado

La región de Catatumbo, con más de 42.000 hectáreas dedicadas al cultivo de coca, se ha convertido en un corredor clave para el narcotráfico. Esta situación ha facilitado el accionar del ELN, que opera de manera binacional a lo largo de la frontera de más de 2.200 kilómetros. La intensificación del conflicto con el ELN ha llevado a los gobiernos a enfrentar un desafío inminente, poniendo en jaque la seguridad y la paz en la región.

Mientras las autoridades intentan abordar la crisis humanitaria, el gran reto continúa siendo la creación de un entorno seguro y pacífico para los habitantes de esta zona devastada por la violencia.

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