La democracia es un sistema político que demanda capacidad de aceptar la alternancia en el poder. Cuando la ambición de ganar se antepone al respeto por las reglas, la esencia democrática se ve comprometida. Este principio, que debe abarcar el diálogo constructivo, se pone en riesgo cuando algunas voces buscan anular a quienes piensan diferente, en lugar de reconocerlos como iguales merecedores de respeto y consideración.
Recientemente, un episodio protagonizado por miembros de la oposición al Gobierno de Gustavo Petro reveló la falta de comprensión de estos principios. Tras la caída de Nicolás Maduro en una operación concertada por Estados Unidos, algunos opositores colombianos hicieron un llamado a intervenir en los asuntos internos del país, pidiendo incluso la captura del presidente Petro. Esta situación expone no solo su falta de cultura política, sino también una desesperación por recuperar el poder perdido en las elecciones de 2022.
La pregunta es clara: ¿qué demócrata colombiano podría solicitar la intervención de un país extranjero para arrestar a su presidente? La respuesta no puede ser ambigua: nadie debería hacerlo. Es válido discrepar ideológicamente con el mandatario y criticar su gestión, pero desear la captura de un presidente electo es un acto que traiciona los principios democráticos. No hay justificación para exigir acciones de este tipo cuando no existen órdenes judiciales en su contra.
Los opositores que demandaron la intervención de Estados Unidos no comprenden las reglas del juego democrático. Esta falta de entendimiento y respeto por la institucionalidad socava la propia esencia de la democracia, que debería ser un espacio para las diferencias, pero también para el civismo y el respeto mutuo. Los perdedores en una contienda electoral deben aceptar el triunfo de los ganadores, esperando su turno para volver a intentar cambiar la situación a través de las urnas.
El deseo de ver al presidente Petro en una situación similar a la de Maduro, un dictador reconocido, refleja un desprecio por Colombia. Quienes realmente aman a su país no podrían querer provocar una crisis tan profunda como la captura del mandatario en esas circunstancias. El resultado de tales acciones podría ser devastador y afectar a toda la nación. La oposición debe reflexionar sobre sus métodos y evitar caer en una dinámica destructiva que solo erosiona aún más el tejido social y político del país.
