La retórica y acciones de Donald Trump, expresadas en la frase “Voy a por ustedes”, han comenzado a generar impacto tanto a nivel nacional como internacional. Esta afirmación no solo se dirige a los votantes del Partido Demócrata, sino también a la democracia en general, la población trans y naciones afectadas por aranceles. Países como Gaza, Cuba, Groenlandia, Colombia y Ucrania, junto con figuras como Pedro Sánchez y los magistrados del Tribunal Penal Internacional, forman parte de este amplio espectro de adversarios de Trump.
El 2 de septiembre, la Casa Blanca difundió imágenes del hundimiento de una supuesta “narcolancha” en las costas de Venezuela, donde fallecieron 11 presuntos “narcotraficantes” sin un juicio previo. Este acontecimiento generó una reacción en el presidente venezolano Nicolás Maduro, quien utilizó un discurso cargado de simbolismo militar, evocando la canción de Rubén Blades, Tiburón, un himno contra el imperialismo en Latinoamérica.
A pesar de los constantes ataques verbales de Trump, que se asemejan a un tiburón que avanza sin freno, no parece haber una respuesta contundente por parte de la comunidad internacional. La ONU y la Unión Europea han emitido declaraciones sin acciones concretas, mientras que otros líderes, como el secretario general de la OTAN, mantienen silencio ante las amenazas del mandatario estadounidense. China y Rusia, aunque han expresado su desaprobación, no alteran significativamente sus agendas por estos eventos.
El papel de los jueces y elecciones en EE. UU.
La capacidad de los jueces federales para frenar las acciones de Trump se ha limitado tras una sentencia del Tribunal Supremo en junio de 2025, lo que ha dificultado que una decisión en un estado influya a nivel nacional. La Corte Suprema, compuesta en su mayoría por jueces conservadores designados por Trump, no ofrece un alivio claro ante sus decisiones. Las elecciones de medio término previstas para noviembre de 2026 podrían constituir una oportunidad para que los demócratas recuperen poder y contrarrestar las políticas del presidente.
La economía como factor decisivo
La situación económica en EE. UU. ha sido un tema crítico. Aunque la inflación cerró en diciembre de 2025 en un 2,7%, las proyecciones indican que podría aumentar nuevamente debido a las políticas arancelarias. La preocupación por la asequibilidad de productos y servicios ha marcado el pulso político, y los votantes podrían influir en las elecciones si la economía se deteriora aún más. La clase trabajadora, afectada por los aranceles, puede representar un desafío significativo para el liderazgo de Trump.
La lealtad de los seguidores de Trump
A pesar de los escándalos que rodean a Trump, su base de seguidores sigue coaligada. La lealtad de los partidarios, incluidos aquellos descontentos con su conducta, sugiere que, por el momento, no hay un movimiento claro para desafiar su liderazgo. Sin embargo, existe la posibilidad de que su propia ambición y decisiones erróneas puedan desviar su curso.
El futuro incierto de las acciones de Trump
Hasta ahora, Trump ha logrado maniobrar en crisis internacionales sin consecuencias fatales. Sin embargo, una escaramuza desafortunada podría generar reacciones imprevistas, especialmente en regiones conflictivas como Colombia y Venezuela. A medida que su administración avanza, persiste la incertidumbre sobre cómo la situación podría cambiar y qué consecuencias podría acarrear para él y sus políticas.
