Veintiséis años después de que Alberto Fujimori renunciara por fax desde Japón, cuando su gobierno colapsó tras un escándalo de corrupción, el fujimorismo regresa al poder en Perú. Su hija, Keiko Fujimori, asumirá la presidencia de la República el 28 de julio, coincidiendo con el día en que Perú celebra su independencia. A los 51 años, se convierte en la primera mujer elegida por voto popular para liderar el país, marcando el cierre de un largo camino caracterizado por tres intentos fallidos en la presidencia. Sin embargo, su llegada también se produce en un contexto de profunda polarización: para algunos, representa la promesa de estabilidad económica; para otros, el regreso de un proyecto político que reabre heridas no sanadas. Fujimori recibió la banda presidencial entre aplausos tras jurar el cargo y se comprometió a liderar un país “seguro, próspero y unido”.
La líder de Fuerza Popular asume la presidencia después de ganar las elecciones por un estrecho margen, menos de 50,000 votos por encima del candidato de izquierda, Roberto Sánchez. Keiko ostenta el legado de su padre, Alberto Fujimori, expresidente condenado por crímenes de lesa humanidad y corrupción, quien falleció libre en 2024, y cuya figura sigue polarizando a la sociedad peruana. “Papá, hoy Perú te recuerda, y millones te llevan en sus corazones. Sé que estás conmigo en este día tan importante”, escribió el martes por la mañana.
La jornada comenzó con el tradicional Te Deum en la Catedral Basílica de Lima. El Cardenal Carlos Castillo, arzobispo de Lima, conmovió a la congregación con una homilía en la que denunciaba a los políticos que “utilizan la religión para fines partidistas y para ganar votos”, al mismo tiempo que deseaba que “la Iglesia no cuestionara” la realidad. “Abandonemos la mezquindad de pensar solo en nuestro propio avance individual y el del grupo al que pertenecemos, y busquemos el bien común de todos”, expresó. El cardenal concluyó su misa recordando a las víctimas de la represión estatal en los últimos años.
Al mediodía, en el Congreso de la República, Keiko Fujimori fue juramentada y entregó su discurso a la nación. El martes, su gabinete también será juramentado; hasta ahora, ha confirmado únicamente tres nombres: Luis Galarreta como presidente del Consejo de Ministros, Elmer Cuba como ministro de Economía y Finanzas, y Carlos Espá como ministro de Relaciones Exteriores. La composición final del gabinete será uno de los primeros indicadores sobre si la nueva presidenta optará por un ejecutivo inclusivo o concentrará el poder dentro de su círculo político más cercano.
La inauguración de Fujimori se anticipa como el final de una década de inestabilidad política e institucional. Sus detractores la consideran en gran medida responsable, debido al papel que jugó Fuerza Popular en los sucesivos enfrentamientos entre el poder ejecutivo y el Congreso. Desde 2016, Perú ha tenido nueve presidentes, la mayoría con breves mandatos y baja aprobación pública, junto a gobiernos asediados por crisis políticas. Este cambio de liderazgo marca además el cierre del ciclo del interino José María Balcázar, quien se caracterizó por un mandato de silencio y poca visibilidad.
Controversias y presencia internacional
La transferencia de poder estuvo precedida por una inusual controversia. Fernando Rospigliosi, presidente del Congreso saliente y líder de Fuerza Popular, sostenía que el mandato de Balcázar concluyó el 27 de julio y le instó públicamente a entregar la banda presidencial un día antes de la ceremonia oficial. La afirmación fue disputada por expertos constitucionales, quienes advirtieron sobre el riesgo de crear un vacío de poder. Finalmente, el martes, Balcázar entregó la banda presidencial, que fue colocada sobre Fujimori por el nuevo presidente del Congreso, Miguel Torres, quien fue electo presidente del Senado un día antes.
La ceremonia contó con una fuerte presencia internacional. Entre los primeros dignatarios en llegar a Lima se encontraban el Rey Felipe VI de España y el subsecretario de Estado de EE. UU., Christopher Landau, quien lidera la delegación enviada desde Washington. También asistieron el ministro de Ciencia y Tecnología de China, Yin Hejun, y el ministro de Relaciones Exteriores de Japón, Horii Iwao. Desde el continente, estuvieron presentes los presidentes Javier Milei de Argentina; Daniel Noboa de Ecuador; Santiago Peña de Paraguay; Yamandú Orsi de Uruguay; José Raúl Mulino de Panamá; Nasry Asfura de Honduras; y Mike Eman, primer ministro de Aruba. En cambio, los gobiernos de México, Brasil y Venezuela no enviaron representantes de alto nivel.
Fuera del Congreso, la inauguración del nuevo gobierno se desarrolló en un clima de abierta confrontación política. Diversos grupos de derechos humanos, organizaciones estudiantiles y familiares de víctimas de la violencia estatal han convocado una movilización nacional bajo el lema “Keiko no me representa. Por justicia, memoria y verdad”. Entre los grupos más simbólicos se encuentran los familiares de las víctimas de las masacres de La Cantuta y Barrios Altos, dos episodios emblemáticos de violaciones a los derechos humanos durante el régimen de Alberto Fujimori. “No vamos a sentarnos a dialogar con ella, y nunca la reconoceremos públicamente como presidenta”, declaró Gisela Ortiz, familiar de una de las víctimas de La Cantuta y exministra de cultura.
El primer día de la administración también anticipa los desafíos que marcan el inicio de este nuevo mandato de cinco años. Además de definir el rumbo de la economía y la política exterior, Fujimori deberá enfrentar un aumento de la delincuencia, abordar los efectos de un nuevo fenómeno de El Niño, y supervisar la reconstrucción de Pumpunya, la localidad en los Andes centrales devastada recientemente por un terremoto. También estará en su agenda decisiones con altas implicaciones políticas, como las solicitudes de indulto de los expresidentes Pedro Castillo y Alejandro Toledo, temas que pondrán a prueba la promesa de Fujimori de gobernar para un país que entra en esta transición profundamente dividido.
