El interés por la nutrición, la tecnología y la salud ha crecido notablemente, pero también ha crecido la desinformación que rodea estos temas. Según el primer Informe sobre la Desinformación Científica en España, publicado en 2022, una de cada diez personas no confía en la veracidad de la información que recibe. En un contexto marcado por la pandemia de coronavirus, muchos de los bulos se centraron en vacunas, cifras de muertes y contagios. Actualmente, la aparición de la inteligencia artificial (IA) ha añadido una nueva dimensión, intensificando la propagación de información errónea relacionada con el bienestar y el cambio climático.
Informe sobre el Uso de la Inteligencia Artificial en la Información Científica
Un nuevo informe, elaborado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt), en el marco del proyecto Iberifier Plus, examina el papel de la IA como medio de adquisición de información científica. Según el estudio, el 32,3% de los encuestados utilizan herramientas de IA generativa al menos una vez a la semana, superando así a la prensa y la radio. Un 14,3% las utiliza a diario, cifra que asciende al 28,8% entre los jóvenes de 16 a 24 años, mientras que solo el 7% de las personas mayores de 65 años se adentra en este ámbito. Sin embargo, el 62,4% de los participantes considera que la IA facilita la difusión de desinformación y un 29,8% reporta haber encontrado bulos a través de estas herramientas.
Desajuste entre Uso y Confianza en Torno a la Desinformación
El notable desajuste entre el uso de la IA y la confianza en su contenido es uno de los hallazgos más relevantes del informe, elaborado por Celia Díaz Catalán, investigadora en Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, y Pablo Cabrera Álvarez, investigador en el Institute for Social and Economic Research de la Universidad de Essex. Los autores señalan que “se consume lo que no se cree del todo, quizás porque es lo más accesible y cotidiano”. Además, alrededor del 70% de los encuestados admite recibir gran parte de la desinformación a través de plataformas de video y redes sociales, medios que son los más usados.
La Dificultad de Distinguir la Verdad en la Era de la IA
El informe subraya que esta tendencia no es nueva, correspondiendo a patrones de consumo en redes sociales, pero la IA trae consigo un nivel adicional de complejidad, ya que su funcionamiento es más opaco y la veracidad de su contenido resulta más difícil de evaluar. Los autores afirman que desarrollar la capacidad para discernir entre información verdadera y falsa se ha convertido en una competencia esencial para la ciudadanía. En este contexto, se ha identificado el efecto de la tercera persona, un sesgo cognitivo que hace que las personas crean que son menos susceptibles a la influencia de los medios que los demás. Mientras el 51,5% de los encuestados se siente capaz de detectar un bulo, solo el 18,1% confía en la capacidad de los demás para hacerlo.
Compartir Desinformación: Un Comportamiento Común
Cuando se indagó sobre si los encuestados habían compartido información científica falsa, un 13,3% admitió haberlo hecho en conversaciones presenciales o telefónicas, y un 9,5% a través de redes sociales o mensajería instantánea. Para comprender mejor este fenómeno, se llevó a cabo un experimento donde se pidió a las personas evaluar la veracidad de información falsa antes de compartirla; esto redujo su intención de difundirla. En contraste, quienes se enfocaron en las emociones que les generaba la información tendieron a compartirla más, independientemente de las emociones involectadas.
El Peligro de la Confianza en la Detección de Bulos
Carolina Moreno, catedrática de Periodismo en la Universidad de Valencia, comenta que al reflexionar sobre la credibilidad de una noticia, disminuye notablemente la intención de difundir información falsa. Sin embargo, el informe también resalta que la autoconfianza en la detección de bulos no necesariamente protege contra la desinformación. Los datos muestran que quienes se consideran muy capaces de identificar bulos comparten más desinformación en redes que aquellos que no tienen confianza en su capacidad: un 13,9% frente a un 2%.
Recomendaciones para Combatir la Desinformación
Los autores del informe también exploran factores que influyen en la intención de compartir información científica errónea. El apego a teorías conspirativas y el populismo científico, que desconfía del conocimiento experto, aumentan dicha intención. En cambio, una mayor alfabetización científica y mediática puede contrarrestar esta tendencia. Es importante destacar que el nivel educativo no es suficiente para prevenir la desinformación; se deben evaluar competencias más concretas, como la comprensión del ecosistema mediático y del método experimental en ciencias.
Finalmente, el informe propone que los programas de alfabetización mediática integren de manera urgente la comprensión de cómo funcionan los sistemas de IA generativa, identificando sus sesgos y riesgos específicos. Además, se sugiere exigir a las empresas de IA la transparencia en la citación de fuentes y promover el etiquetado de contenidos sintéticos conforme al Reglamento Europeo.
