Controlando pandemias: Estrategias para detener brotes antes de que surjan

Controlando pandemias: Estrategias para detener brotes antes de que surjan

El 10 de diciembre de 2024, una mujer llegó a un centro de salud en Pariak, una localidad del estado de Jonglei en Sudán del Sur, presentando diarrea, vómitos y síntomas de deshidratación. Recientemente, había regresado de una zona afectada por cólera. En un país extremadamente vulnerable, donde millones de personas carecen de acceso regular a agua potable y servicios de salud, este podría haber sido el inicio de una nueva emergencia.

Sin embargo, no fue así. Un trabajador de salud rápidamente sospechó que la mujer podría ser un caso de cólera, fue aislada y las autoridades activaron protocolos de vigilancia y respuesta, rastreando sus contactos. Once días después, el brote había concluido. Se registraron seis casos y ninguna muerte, a pesar de que el cólera puede ser mortal en cuestión de horas si no se trata adecuadamente, y a que África está experimentando un repunte alarmante de la enfermedad. En noviembre, los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades (Africa CDC) informaron que el continente enfrenta “el peor brote de cólera en 25 años”, con alrededor de 300,000 casos y más de 7,000 muertes en 2025.

El caso de Sudán del Sur no fue cubierto por los medios internacionales porque todo salió bien. Este tipo de éxito se documenta en Epidemias que No Ocurrieron, un informe bianual presentado recientemente en Ginebra por la organización internacional de salud pública Resolve to Save Lives. Este documento compila ejemplos de brotes que fueron detectados y contenidos antes de convertirse en emergencias de salud.

Amanda McClelland, vicepresidenta senior del equipo de Prevención de Epidemias de la organización, explica: “Cuando la salud pública tiene éxito, es invisible, lo que hace muy difícil explicar al público y a los responsables políticos por qué es tan importante seguir invirtiendo en prevención”. “Por eso comenzamos este informe: para entender qué funciona cuando un brote se detiene a tiempo”, agrega McClelland.

Desafíos actuales y proyecciones

La situación es especialmente relevante en un momento en que el mundo está preocupado por el ébola. El actual brote en la República Democrática del Congo, que se ha extendido a Uganda, estuvo un mes sin ser detectado, lo que contribuyó a su propagación, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cuando las autoridades confirmaron la presencia de la variante Bundibugyo del virus, la epidemia ya había afectado a cientos de pacientes. Los datos más recientes indican que la OMS ha documentado 515 casos confirmados y tres muertes (dos confirmadas y una probable) en Uganda.

Cuando la salud pública tiene éxito, es invisible, lo que hace muy difícil explicar al público y a los responsables políticos por qué es tan importante seguir invirtiendo en prevención

Amanda McClelland, Resolve to Save Lives

No obstante, el ébola no es una anomalía. “La probabilidad de brotes está aumentada”, advierte Mark Lucera, director de estrategia de la Coalición para Innovaciones en Preparación Epidémica (CEPI). El cambio climático, la urbanización acelerada, la deforestación y el aumento del desplazamiento humano están creando nuevas oportunidades para la propagación de patógenos. “Solo en el último año, CEPI ha monitoreado más de 15 brotes distintos”, señala Lucera.

A pesar de todo, muchos de estos brotes “han sido contenidos” sin que casi nadie se entere, dice Priya Basu, directora ejecutiva del Fondo Pandémico. Países de África, América Latina, el Caribe y Asia han logrado controlar “brotes de cólera, gripe aviar, antrax, mpox y virus de Marburgo”, enfatiza Basu, quien resalta el papel de “los ministerios de salud en todo el mundo y otros líderes internacionales, que son héroes silenciosos que trabajan para evitar la propagación de brotes”.

Prevención: un reto diario

La prevención, señala McClelland, rara vez depende de tecnología revolucionaria. “Los casos exitosos son simplemente el trabajo diario de buscar signos de posibles brotes y responder rápidamente. A veces, es como buscar una aguja en un pajar: recibimos muchas señales, algunas de las cuales resultan ser completamente normales, pero no lo sabes hasta que se investigan”, explica la experta en crisis de salud.

“A veces, es el trabajo no visible de los centros de atención primaria —donde hay una fuerte sospecha clínica— el que lleva a reportar estos casos a los departamentos de salud pública”, agrega. La detección temprana también depende de “laboratorios capaces de analizar muestras”, de epidemiólogos que investigan agrupaciones inusuales de enfermos o fallecidos, y sobre todo de disponer de “financiamiento inmediato” para actuar antes de que una alerta se convierta en una emergencia. McClelland subraya que entre $2,000 y $3,000 son suficientes para enviar equipos a investigar estas alertas antes de que se declaren un brote, una suma muy por debajo de los $518 millones que la OMS y Africa CDC invertirán para contener el actual brote de ébola.

Un ejemplo de monitoreo preventivo se dio en El Salvador. Después de que el país eliminó la malaria, se detectó un nuevo riesgo: la llegada de trabajadores salvadoreños procedentes de la República Democrática del Congo, donde la enfermedad sigue siendo endémica. Se identificaron más de 100 casos importados, pero ninguno provocó transmisión local, ya que no infectaron a mosquitos capaces de propagar la enfermedad. “No estaban esperando a que ocurriera una epidemia; estaban anticipándola”, explica McClelland.

Casos ilustrativos a nivel global

Por otro lado, el actual brote de ébola muestra lo que sucede cuando los sistemas de detección fallan. En la República Democrática del Congo, los primeros casos no se identificaron a tiempo porque los laboratorios locales carecían de los reactivos químicos necesarios para detectar la variante Bundibugyo, que es menos frecuente que la variante Zaire. Mientras se descartan otras enfermedades y se envían muestras a instalaciones con mayores capacidades de diagnóstico, el virus continuó propagándose. “Puedes imaginar lo difícil que es encontrar un caso de ébola entre cientos de casos de malaria y neumonía”, menciona McClelland.

Contrariamente a esto, en Gabón, las autoridades lograron contener un brote de mpox en medio de la expansión regional de la enfermedad, gracias a la identificación rápida de casos y el rastreo de contactos, lo que limitó el episodio a dos contagios confirmados y sin muertes, según el informe Epidemias que No Ocurrieron.

Las aficiones en el contexto internacional muestran que la preparación marca la diferencia entre una alerta de salud y una crisis a gran escala. Durante la Copa Mundial de Críquet T20 de 2024, que se celebró simultáneamente en seis islas caribeñas, se utilizó por primera vez un sistema de vigilancia electrónica regional para eventos masivos, apoyado por el Fondo Pandémico. Este sistema permitió compartir información de salud en tiempo real y detectar rápidamente posibles amenazas. “Por primera vez, pudieron celebrar una Copa Mundial de Críquet sin incidentes”, indica Basu.

Rwanda también es un caso paradigmático. Gracias a inversiones previas en vigilancia epidemiológica y tecnología digital, el país logró contener rápidamente un brote del virus Marburgo en 2024. Entre otras innovaciones, se utilizaron drones para transportar suministros médicos esenciales y acelerar la respuesta en áreas remotas.

En el último año, CEPI ha monitoreado más de 15 brotes distintos

Mark Lucera, CEPI

“La preparación puede marcar la diferencia entre una alerta de salud y una crisis de gran escala”, sostiene Lucera respecto al caso de Rwanda. Semanas antes de que se detectaran los primeros casos de virus Marburgo en el país, CEPI había trabajado con las autoridades rwandesas en ejercicios de simulación para ensayar la respuesta ante emergencias sanitarias.

“Sabían a quién llamar, sabían cómo movilizar una respuesta temprana”, detalla Lucera. Gracias a esa preparación, Rwanda pudo iniciar un ensayo clínico con una vacuna experimental pocos días después de detectar los primeros casos, algo sin precedentes en una emergencia de este tipo.

El reto es convencer a los gobiernos para que mantengan la financiación, incluso cuando no hay emergencias inmediatas, concluye Lucera. “Las inversiones globales en preparación pueden ser de miles de millones, pero el costo de las pandemias se mide en billones”, advierte.

A medida que las amenazas se multiplican, McClelland advierte que muchos países regresan al “ciclo de pánico y abandono” que precede cada crisis de salud. “A medida que nos relajamos o damos un paso atrás, los brotes siguen aumentando”, señala. El informe recuerda que las epidemias que no ocurrieron son las más fáciles de olvidar.

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