El Gobierno de José Antonio Kast impulsa con rapidez un plan destinado a reducir el déficit fiscal en Chile. Esta estrategia ha generado una creciente tensión en la política del país, pues aunque las decisiones de la administración pueden ser técnicamente necesarias, a menudo se perciben como desconectadas de la realidad social. Un ejemplo es el ajuste del gasto público del 3% en los ministerios, parte de un esfuerzo mayor para equilibrar las cuentas fiscales y recuperar la credibilidad presupuestaria.
La Realidad del Problema Fiscal
El problema fiscal en Chile es innegable. Gastar más de lo que se ingresa deteriora la capacidad de acción del Estado y limita el financiamiento de políticas públicas a largo plazo. Sin embargo, reducir el déficit no es meramente un ejercicio contable; también representa un acto de confianza hacia la ciudadanía. La eficiencia del gasto, en muchos casos, puede ser percibida no como una promesa de mejor gestión, sino como una amenaza a la protección social y un incentivo a la incertidumbre.
El Desfase entre Política y Ciudadanía
En la política chilena contemporánea, conceptos como empatía, escucha activa y responsabilidad social parecen perder significado. A pesar del uso reiterado de estas palabras, a menudo distan de la experiencia cotidiana de las personas. Un reciente informe global sobre empatía señala una brecha entre las expectativas de los ciudadanos y lo que efectivamente reciben de las instituciones. Las personas valoran las interacciones genuinas y desconfían de respuestas automatizadas, especialmente en momentos de vulnerabilidad. Esto es crítico para la política, donde la coherencia entre el discurso y la acción es esencial.
La Crisis de Confianza en la Política
Diversos estudios indican que la confianza y la cercanía tienden a concentrarse en relaciones personales, como la familia y amigos, mientras que disminuye hacia instituciones y grupos percibidos como externos. En este contexto, la política chilena enfrenta no solo una crisis de credibilidad institucional, sino una crisis de contacto social, donde el diálogo se ha vuelto escaso entre diferentes sectores de la sociedad.
Las Implicaciones del Ajuste Fiscal
El oficialismo se dirige principalmente a quienes comparten sus inquietudes sobre el desorden, mientras que la oposición se enfoca en aquellos preocupados por la desigualdad. Ambas visiones suelen interpretar la desconfianza ciudadana como ignorancia o rabia, cuando muchas veces es una respuesta racional ante promesas incumplidas. La manera en que se comunique el ajuste fiscal será crucial. Presentarlo como una medida autoritaria puede generar miedo; comunicarlo sin un rostro humano puede aumentar la distancia; y justificarlo únicamente como una corrección podría ser percibido como un castigo injusto.
Expectativas Ciudadanas
La ciudadanía no busca un pleno sentimentalismo en la política. En su lugar, demanda previsibilidad, respeto y eficacia. Desea instituciones que se centren en problemas concretos que afectan su vida diaria y que informen si los ajustes servirán para mejorar la gestión o simplemente trasladarán costos. Esta expectativa requiere que la política reconozca la legitimidad de la desconfianza social y se comprometa a ser transparente y auténtica en su comunicación.
Mientras la empatía continúe siendo utilizada únicamente como un concepto vacío en el discurso público, su eficacia en la vida real permanecerá limitada.
