La Cumbrecita, un pueblo ubicado en las Sierras Grandes de la provincia de Córdoba, Argentina, destaca por su singularidad como el primer destino peatonal del país. Esta localidad, con una población de alrededor de 1.300 habitantes, ha implementado diversas iniciativas para promover el desarrollo sostenible y proteger el medio ambiente.
Un pueblo en armonía con la naturaleza
Elvira González, residente desde hace 35 años, enfatiza la felicidad de vivir en un lugar donde todos se conocen. La Cumbrecita, rodeada de bosques, arroyos y cascadas, ha prohibido la circulación de vehículos en el casco urbano desde 1996, fomentando así un estilo de vida más saludable. «Los habitantes suelen separar residuos y producir compost, además de adoptar energías renovables como los paneles solares», explica Santiago Nogueira, propietario del café E!n Kaffee.
Las normas de protección ambiental son estrictas. Un cartel de bienvenida al pueblo indica que no se permite acampar, hacer fuego, cazar, tirar basura o cortar plantas en la zona. La Cumbrecita es parte de la Reserva Hídrica Pampa de Achala, cuyo objetivo es conservar el ambiente y la biodiversidad local.
Orígenes e historia
La historia de La Cumbrecita se remonta a 1934, cuando la familia Cabjolsky adquirió 500 hectáreas en la región. Lo que comenzó como una estanzuela se transformó, con el tiempo, en lo que hoy es el hotel La Cumbrecita. «La esencia del lugar ha permanecido en la familia desde los años 30», comenta Pedro Navarro, actual administrador del hotel.
Beneficios del modelo peatonal
La resolución que prohíbe vehículos durante el día se tomó debido a las características geográficas del pueblo, que dificultan el tránsito vehicular especialmente en temporada alta. Según el director de Turismo, Juan Manuel Busaniche, esto ha permitido un entorno más tranquilo donde se aprecian los sonidos de la naturaleza. Durante los últimos 30 años, el pueblo ha visto un crecimiento del turismo, alcanzando hasta medio millón de visitantes anuales.
Iniciativas ambientales
La Cumbrecita ha implementado varias iniciativas para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Algunas de estas incluyen el uso de paneles solares y la producción domiciliaria de compost. «Hemos creado un sistema que reduce el consumo de gas entre un 20 % y un 30 %», afirma Martín Santillán, propietario de cabañas en la zona que utilizan energía solar para calefacción.
Aproximadamente hace 50 años, se desarrolló un sistema de cloacas que fue innovador para una localidad de alta montaña. Además, la comuna ha regulado las construcciones priorizando el uso de materiales como la madera, limitando el impacto ambiental y lumínico.
Desafíos y críticas al modelo
A pesar del éxito, La Cumbrecita enfrenta críticas sobre la gestión del turismo y la infraestructura. Los residentes han notado un aumento del tráfico y ruido en el área central, donde antes predominaba el silencio. «El desafío es la convivencia en una comunidad turística pequeña», señala Nogueira, añadiendo que los problemas actuales surgen de la falta de autocrítica en la administración del pueblo.
Algunos pueblos en Argentina buscan aprender del modelo de La Cumbrecita. La localidad de La Carolina, también en altura, ha firmado un convenio para intercambiar experiencias. «Es más fácil aprender de los errores de otros», concluye Busaniche.
