Gonzalo Celorio, escritor mexicano de 78 años, recibió el Premio Cervantes este jueves en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. Al inicio de su discurso, recordó las emotivas palabras que su padre le dijo en su lecho de muerte: “Tú llegarás, hijo. Si no puedes, yo te empujo”. Con esa misma determinación, Celorio se presentó ante el público 64 años después de ese momento, dispuesto a honrar la figura de Miguel de Cervantes Saavedra y su obra Don Quijote de la Mancha.
El autor dedicó gran parte de su discurso a analizar el impacto de la obra cervantina en la literatura contemporánea. Celorio defendió la literatura del yo, argumentando que este punto de vista no es exclusivo de la poesía, sino que puede encontrarse en la novela, la memoria, el ensayo y la crónica. Considera que la escritura debe ser “promiscua” en términos de géneros, subrayando la capacidad de Cervantes para transitar entre ellos. Según Celorio, la obra cervantina representa una insubordinación a los cánones literarios, donde cada búsqueda de modernidad ya está presente en El Quijote.
En relación a la libertad, Celorio remarcó su importancia en la obra de Cervantes. A través de su propia experiencia como prisionero en Argel, el autor comprendió que la libertad es “soberanía del individuo frente a la autoridad”. La relevancia de este concepto aparece en numerosas obras de Cervantes, lo cual Celorio expone en su discurso.
Durante la ceremonia, Celorio reflexionó sobre la identidad mexicana, destacando que esta no puede desvincularse de su historia y cultura españolas. Insistió en que la lengua española es fundamental para la construcción de la nacionalidad mexicana, a pesar de las actualizaciones en el diálogo cultural desde México hacia España, especialmente después de las demandas del presidente Andrés Manuel López Obrador en 2019 para una disculpa por los excesos durante la Conquista.
En su trayectoria literaria, Gonzalo Celorio ha explorado temas de familia, amor, migración y exilio. Sus obras Amor propio, Tres lindas cubanas y El metal y la escoria están publicadas por Tusquets y reflejan lo que el autor ha encontrado en su memoria: historias llenas de eventos históricos y familiares que entrelazan su vida con la de su país, México.
Celorio, al indagar en su pasado familiar, reveló secretos y relatos que han enriquecido su escritura, convirtiendo sus recuerdos en material literario que da forma a sus novelas. “Liberado de las exigencias de la veracidad histórica, le di cabida a la imaginación literaria”, comentó, destacando cómo la inventiva puede aportar profundidad a la verdad.
Sus relatos personales incluyen anécdotas singulares, como las cartas diarias que su padre escribía a su madre, incluso estando juntos, y la promesa de su madre a la Virgen del Perpetuo Socorro en una situación crítica relacionada con la salud de un hijo, lo que pone de relieve el impacto de las relaciones familiares en su vida y obra.
El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, durante la ceremonia, reconoció la deuda de Celorio con el exilio republicano español y enfatizó la relevancia de la universidad pública en el contexto cultural actual. En su discurso, también hizo hincapié en la necesidad de preservar la autonomía y la salud de las instituciones educativas.
El rey Felipe VI subrayó la importancia de la literatura mexicana en el ámbito hispánico, resaltando que la diversidad y la unidad de la lengua facilitaran el reconocimiento de los autores en la literatura en español. Asimismo, celebró la conexión cultural entre México y España, recordando su historia compartida a través de la lengua y la tradición literaria.
Celorio concluyó su intervención reiterando su dedicación a la literatura a lo largo de su vida, destacando su rol como docente en la Universidad Autónoma de México y su papel como académico en la Academia Mexicana de la Lengua. Con una profunda admiración por la palabra escrita, afirmó: “Cuando alguien me pregunta cuál es la palabra que más me gusta, le respondo que la palabra palabra”.
